Una de las situaciones más conmovedoras que le tocó vivir se dio en ocasión de la inauguración de la Sala de oncología.

Toda el grupo de apoyo estaba arreglando los detalles para recibir a las autoridades y hacer la inauguración formal. Entonces, una de las enfermeras se acercó a Lili y le dijo que había una enferma terminal que no tenía habitación, y le pidió autorización para instalarla en uno de los cuartos que se estaban por inaugurar y que estaba lejos del área donde iban a estar las autoridades. Por supuesto Lili dijo que no había ningún problema.

Al término del acto Lili le pidió a la enfermera si podía hablar con la paciente. Al verla le preguntó cómo se sentía, y la enferma, con una gran sonrisa, le contestó: “Cómo quiere que me sienta, como una reina!.

Estoy feliz en este lugar tan lindo, con baño privado y encima mi hija tiene un sillón donde se puede quedar para hacerme compañía!” Lili nos cuenta con gran emoción: “Hicimos feliz a una persona que se estaba muriendo y esa satisfacción compensó todos los esfuerzos realizados y mucho más”. Para Lili, en su trabajo en la Fundación, siempre ha recibido mucho más de lo que ha dado.

A pesar de todos los años que hace que está en la Institución, no ha perdido el entusiasmo; todo lo contrario. Ya está pensando en el nuevo proyecto para la Sala de cirugía y en la instalación de las oficinas de la Fundación en el Hospital, que va a permitir estar más en contacto con la realidad que se vive allí cotidianamente.

Su testimonio es un ejemplo movilizados para todos nosotros.